Ricardo Goldman: Maestro del suspense de la abstracción, la geometría y la espiritualidad.

Hablar del trabajo de una persona siempre representa un reto para mí. En esta oportunidad quiero presentarles a Ricardo Goldman, un artista plástico sin igual. Para descubrir su trayectoria quiero remontarme a su infancia. Desde niño lo tenía muy claro, el amor de sus padres por el arte tuvo gran influencia en el y ellos supieron entregarle esa chispa: “Mi fascinación ya venía con sello de fábrica, como si estuviera conmigo desde siempre.”
Estudiar la obra de Ricardo merece la pena sin duda, cada pieza que crea nos invita a viajar por su imaginación. Elementos cotidianos y recuerdos como los cuentos de su madre, hacían que su intelecto volara y sin saber que eso era arte (así me comenta Ricardo), lo disfrutaba tanto como hoy podría hacerlo al enfrentarse a una ansiada pintura. También observaba “embelesado” a su padre mientras dibujaba figuras geométricas relacionadas al misticismo. Ricardo también es conocido como uno de los mejores dibujantes de Venezuela. Hoy en día sigue utilizando algunos de esos elementos que tomó de los minuciosos dibujos de su padre y los incorpora en sus obras. Puede que su fascinación por el arte creciera al observar por primera vez un cuadro o la primera visita a un Museo, para Ricardo cuenta la sorpresa del sonido del viento y hasta la ondulación de una cortina.
Goldman nos da la oportunidad de apreciar en una sola pieza tres conceptos que se complementan, pero que no son lo mismo como abstracción, geometría y espiritualidad, esta última tiene un gran peso en el argumento de su obra. Las pequeñas cosas generan grandes ideas, por eso les invito a desvelar los planteamientos de este creador argentino-venezolano y a enamorarse de su talento. Al igual que “Hopper”es amante del “Suspense” y lo deja muy claro en sus pinturas o esculturas y estas en si son una invitación a la curiosidad del espectador. Creo que Ricardo mantiene un equilibrio entre el público y la obra, para expresar lo que se quiere. Mantiene la siguiente premisa: “Hay que recordar que el arte no es solo para el artista que lo hace, sino para quien lo disfruta.”
Su formación como artista lo ha hecho explorar en varias áreas como el dibujo, fotografía, pintura, escultura, cine, diseño, música, arte corporativo y publicidad. Entre las escuelas e instituciones que albergaron y moldearon el talento de Ricardo se encuentran: El Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber (Caracas), Columbia University, New York Institute of Advertising, Instituto de Diseño / Fundación Neumann y la International Council of Graphic Design Associations (Londres).
El trabajo de Ricardo ha sido reconocido nacional e internacionalmente, desde 1978 año en el que realizó su primera exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Venezuela (MACSI) antiguo Sofía Imber no ha parado de cosechar éxitos. Países como Estados Unidos, Colombia, España, Curazao, Aruba y Bonaire, Israel, Uruguay, Argentina, Panamá y República Checa han albergado importantes exhibiciones de uno de los artistas más integrales como Ricardo con quien tuve la oportunidad de trabajar y conocer su obra de cerca.

María José Morr: Coméntame un poco sobre tu lenguaje artístico y tus códigos.
Ricardo Goldman: La primera palabra que me viene es Abstracción, luego Geometría, también Constructivismo, y así puedo continuar complicando lo que hago con Neo, Post o combinaciones de nomenclaturas que suenan interesantes. Este asunto del léxico del arte siempre me pareció cautivador y divertido, sin embargo, en algún rinconcito de mi pensamiento me gustaría librarme de éste. Me gusta la sensación de misterio en las obras, no tanto como para que el espectador sienta que no puede descifrar lo que sucede, pero lo suficiente como para invitarlo a descubrir y hurgar en lo que ve o toca. En mi individual más reciente en Caracas: En busca de la Invisibilidad, esto se planteaba muy claramente. Pinturas donde no sabías si los objetos aparecían o se evaporaban, el camouflage estaba allí presente y algunas veces al observar un área que aparentaba ser desierta, veías como de la nada surgía algún elemento.
Cada vez que me planteo una nueva producción de trabajos encuentro nuevos códigos, cada proyecto es como un desafío de descubrimientos y crecimiento. Algunas veces retomo viejas ideas y les doy nueva vida. El obelisco, por ejemplo, está muy presente en los trabajos. Al igual que en la historia real, lo fui transformando desde los menhires, los tótems u otras estructuras hasta los que utilizo en la actualidad; obeliscos esbeltos, otras veces gorditos, sin la pequeña pirámide en su cúspide (piramidión) para así no frenar la mirada en la búsqueda de altitud. Los dejo desnudos o los visto con texturas complicadas, los presento solitarios o formando familias, con nombres sugestivos: Madonna tatuada de emoción, Escoltados por la demencia, El astrolabio palatino, Suspendido sobre un colchón de nubes, William Morris en Abisinia entre otros.
MJM: ¿Qué técnicas utilizas más en tus pinturas?
RG: Siempre utilizo pintura acrílica sobre tela. Me siento bien con estos materiales, son amistosos, limpios, atractivos, versátiles. La mayoría de mis obras son bastante laboriosas, por lo que debo optimizar el tiempo de alguna manera. Las técnicas con acrílico permiten esta rapidez y me permiten hacer casi cualquier cosa que deseo. Inclusive, en ocasiones, pinto las esculturas con estas mismas técnicas, aunque mayormente en estos casos utilizo pinturas y procedimientos industriales o dejo las superficies sin intervenir.

MJM: ¿Con qué período y maestros te identificas?
RG: Más que identificarme con algo o alguien como tal, me involucro en su investigación o simplemente admiro alguna época o persona. Cada período ha dado lo mejor de sí de una u otra manera. Por ejemplo, el artista desconocido, aquel individuo que plasmó su mano en la pared de alguna cueva prehistórica. Los Luthiers de la Edad Media y posteriores que tallaban delicados e intrincados dibujos en sus instrumentos. Pero siendo más específico, las culturas prehispánicas o las del antiguo Egipto han sido una inspiración con sus monumentales construcciones, sus perfiladas representaciones a las que veo como precursoras del Cubismo de Picasso, si entendemos al Cubismo como un intento por mostrar los 360 grados de una imagen en unos pocos trazos bidimensionales.
Ya más cerca de nuestra realidad, admiro la Hermandad Pre-Rafaelista seguidora del sueño Renacentista y a aquellos pintores de finales del Siglo XIX y principios del XX: Jean León Gérome, William Bouguereau Lawrence, Alma Tadema, John William Godward, Gustav Klimt, William Morris, Maxfield Parrish y especialmente la escuela Bauhaus. Se puede decir que esta fue mi escuela ya que mi mentora más influyente, Louisa Richter trabajó directamente con el movimiento en Alemania, siendo la alumna favorita de Willi Baumeister. Málevich fue importante durante mis primeros años junto con otros como Escher o Moebious. Y por supuesto, me encantan los trabajos de la contemporaneidad que reflejan nuevos y renovados puntos de vista, que utilizan recién descubiertos materiales o con interesantes usos de los viejos, con vigor de futuro.
MJM: ¿Cuál es la base del argumento de tu obra?
RG: Definitivamente es la exaltación de nuestra calidad espiritual. Cualquiera de mis trabajos reflejan esto de una u otra manera. Cada elemento que utilizo está concatenado a otro para elaborar no solamente una pieza de elevado nivel estético, sino también para producir en el espectador una superación emocional, una elevación en su tono, un llamado a comunicarse con la obra o un intercambio.
La Abstracción y la Geometría son fundamentos que le dan estructura al trabajo. La Abstracción es como un ensueño donde pareciera que estás en un lugar donde suceden infinitos escenarios. Es casi una habilidad, ya que tienes que dejar de lado lo superfluo o lo que no interesa y además tienes que relatar una aventura sin mostrar los personajes. Por otro lado la Geometría es un vínculo con nosotros mismos. Su traducción literal y original nos habla sobre la medida del Mundo, no solo del planeta en sí, también el “Mundo” visto como un todo. “El Universo de la espiritualidad” Y no es que me ponga a realizar cálculos o complicadas relaciones con objetos, esto no me interesa para nada. Mi relación con la Geometría es casi ingenua, como si obviara su razón de ser.
MJM: ¿Qué elementos no pueden faltar en tus cuadros?
RG: Lo cierto es que no me hago ese planteamiento. No me prohíbo la ausencia de nada. Hay elementos que uso con frecuencia, pero puedo dejar de utilizarlos sin ningún problema. Lo que te puedo decir que no falta nunca es la actitud positiva que involucra no solamente la realización de las obras, sino también lo que quiero comunicar. Algunas veces he trabajado temas sensibles o que pudieran ser escabrosos, pero siempre dejo la puerta abierta y planteo la solución.
MJM: ¿Qué mensaje quieres dar a través de tus obras?
RG: Por este lado está la obra, por este otro te encuentras tú y entre ambos se establece un vínculo del que muchas veces no te percatas pero ocurre. Es un juego de interacciones, de diálogos sin palabras. Los títulos que les doy a las obras a veces sugieren cual es mi punto de vista al respecto, pero en realidad solo son una manifestación poética más. A las personas les gusta acercarse y darme su idea de tal o cual pintura. Me han dicho cosas tan insólitas como por ejemplo, que les recuerda a la lavadora que tienen en su casa, o que el espíritu de sus padres se encuentra allí. También han visto cosas de las que yo mismo no me había percatado y que en ese momento decido hacerlas mías. Pero la coincidencia entre todos es la misma con respecto a la emoción. Es la de bienestar, es de independencia y de libertad espiritual. Ese es el mensaje primordial. Y aunque con la simplicidad se logran resultados contundentes, la comunicación que se deriva de estas obras es como un sistema de multicapas. De esta manera cada día descubres alguna novedad que no habías notado con anterioridad, quizás algún aspecto musical, algún movimiento donde antes solo veías quietud.

MJM: ¿Estás desarrollando algún proyecto en la actualidad?
RG: Si. Estoy trabajando con aspectos relacionados a lo que es la integración / desintegración y los estoy aplicando a pequeñas esculturas de pared. Son objetos que pudieran parecer rompecabezas cuyas piezas están esparcidas por un área y que no sabes si se están juntando o separando, si están flotando o se encuentran a punto de caer. También estoy embarcado en un proyecto interesante donde los conceptos de arquitectura y arte están íntimamente ligados. Siempre me gustaron los formatos monumentales (tengo piezas de 45 metros cuadrados), pero igual disfruto cuando hago miniaturas. Por otro lado, estoy en una nueva producción pictórica que posiblemente sea exhibida en Europa el próximo año.
MJM: ¿Qué tan arriesgada debe ser una obra?
RG: Es muy interesante tu pregunta, ya que este es uno de los talones de Aquiles en muchos artistas. Debe ser un riesgo controlado en el buen sentido de la palabra. Este riesgo se parece un poco a la actitud de algunos artistas nuevos en el oficio cuando impulsivamente demuestran en un solo trabajo todos sus conocimientos técnicos, que por lo general son muchos. El resultado será una obra muy barroca, con tantas cosas que al final no encuentras nada.
El arte es una comunicación muy especial, muy exquisita y especializada, pero al fin y al cabo es igual que cuando conversamos con una persona. Imaginemos que durante esta charla yo respondo tus preguntas de una manera exagerada y grosera, gritando o algo parecido…Te confundirías, te enojarías conmigo o sencillamente me considerarías un excéntrico fuera de lugar. Imagina cualquier escenario parecido que yo pudiera plantear y tú estando allí para escucharme. En realidad no estoy respondiendo tus preguntas, estoy haciendo cualquier otra cosa menos eso. Las obras se comportan de igual forma. Hay que recordar que el arte no es solo para el artista que lo hace, sino para quien lo disfruta. Lo que te quiero decir es que la obra debe ser tan arriesgada como para lograr lo que el artista quiere, pero no tanto como para que produzca una ruptura en la comprensión de la gente, a menos de que ese sea precisamente el planteamiento del artista.
Esto no implica un sacrificio de criterio por parte del artista, solo una dosificación de lo que hace. Imagina una pareja de enamorados paseando agarrados de la mano e imagina un artista, su obra y la gente haciendo lo mismo. Cada día se conocen más y juntos pueden lograr cosas maravillosas. Eso sí, un artista que no se arriesga ya deja de ser uno. Cuando el artista consigue su fórmula mágica de éxito y la repite incansablemente, es momento de que se vaya de vacaciones.
MJM: Eres conocido también por tu talento cómo dibujante, háblame sobre esta faceta en tu trayectoria.
RG: Es lo primero con lo que me enfrenté, y terminó siendo un matrimonio feliz. Aprendí a dibujar bajo parámetros académicos, pero tuve la suerte de que mis maestros me entendían y alentaron por decir así, mi irreverencia con lo conservador. Roberto Guevara, un crítico de los años 80, apodó mi trabajo como “Dibujo purista”, ya que obviaba por completo el color y solo utilizaba lápiz sobre papel o cartulinas. Durante muchos años solo dibujaba, mucho más tarde contemplé otros medios expresivos. Hoy en día sigo haciéndolo pero esporádicamente, como para no perder esa magia tan especial que da el dibujo, una especie de ilusionismo de nostalgia, de desarrollo de la personalidad, de encuentro con los diversos caminos que te presenta la vida. Dibujar es algo muy especial. Mi relación con él es de intimidad. Tomo un lápiz o plumillas y confronto el papel. En realidad no sabría describírtelo, hay cosas que están al nivel de una sensibilidad que ninguna palabra es suficiente.
MJM: ¿Qué muestras han sido para ti las más especiales y representativas?
RG: Cada exhibición donde muestro mi trabajo individualmente es muy especial. La dedicación que les doy es de 200%. Es una entrega total donde me gusta participar de casi todos los detalles. Y aunque cada una de ellas es una consecuencia de la anterior, cada una tiene su propia personalidad, características y reto particular. A veces he estado años sin realizar alguna de estas muestras, por lo que al llegar el momento de hacer una nueva, es como un debut con todas las expectativas que esto conlleva. Algunas han sido más representativas que otras en cuanto a presentar algo nuevo, por ejemplo, Un rumor de luz fue una exhibición donde mostré solamente collages, o Geometría Espiritual donde utilicé por vez primera este nombre como una manera de describir mi trabajo.
También me he sentido muy satisfecho con algunas Bienales, Salones o muestras en instituciones donde exhibí junto con otros amigos o artistas, compartiendo el mismo ideal, compitiendo sanamente y mostrando el trabajo en espacios privilegiados. Por mencionar algunas: las Bienales de Miniaturas gráficas, Piano-Piano, las Bienales de Dibujo, El Salón Carpentier, Proyecto OVSI (Objetos voladores si identificados), o Extrapictórico, muestra en la que tú estuviste involucrada.
MJM: ¿Cómo ves el arte contemporáneo venezolano en 5 años?
RG: El venezolano es ingenioso y de alguna manera logra superar las vicisitudes. Las galerías e instituciones privadas dentro de sus limitaciones han estado supliendo en cierta medida a los espacios oficiales que están en bajo perfil o persiguen otro tipo de interés. De esta manera los artistas con lenguajes de vanguardia y que expresan lo contemporáneo, surgen con gran esfuerzo pero no dejan de hacerlo. Sabemos que el interés primordial de una galería privada es la venta de las piezas y que por lo general deben bajar los criterios expositivos en aras de obras con estricto sentido comercial, pero el venezolano está comprendiendo mejor la actualidad y entonces es el mismo público quien exige la pauta a seguir. Venezuela ha sido y es cuna de artistas muy dinámicos. Puedo visualizar un arte contemporáneo vibrante, con apoyo, con sentido del tiempo que vivimos y con menos limitaciones de producción. Cinco años no son tantos, en un parpadear ya estamos allí, y sin embargo, son muchas las cosas que se pueden lograr.
Os dejo una entrevista a Ricardo y sus compañeros de Extrapictórico. Pichar aquí.
¡Hasta el próximo post queridos lectores!
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Muy bien amigos. Ricardo merecia desde hace tiempo este reportaje. En hora buena!.